El CBD es más viejo de lo que parece

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Siempre es un elogio que nos digan que aparentamos menos años de los que tenemos en realidad. Para el CBD esto no es menos cierto. Hay personas que creen que lo han descubierto primero, pero seamos sinceros: hubo otros antes que nosotros.

Conocer la historia del CBD es adentrarse en un recorrido de investigaciones y experimentos que arribaron a la comprobación de los usos medicinales de esta sustancia. Tras superar los prejuicios sobre su consumo recreacional, varias instituciones gubernamentales han llegado a su aprobación como fármaco para algunas patologías.

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La historia del CBD también nos ayuda a catalogar a esta sustancia en sus usos medicinales. Las confusiones son frecuentes cuando se trata del cáñamo y sus derivados, por lo que conviene despejar ciertas dudas.
En este artículo vamos a caracterizar al CBD y narraremos cómo los estudios científicos ponen de manifiesto que es una medicina eficaz para determinadas patologías. Cada vez se investiga más al respecto y la última página del CBD no ha sido escrita.

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¿A qué llamamos CBD?

CBD es la forma abreviada y en siglas que usamos para referirnos al cannabidiol. Esta sustancia que se extrae del cáñamo o Cannabis sativa no es lo mismo que el THC o tetrahidrocannabinol, quizás más conocido por sus efectos sobre el estado de consciencia.
El CBD comenzó a ganar relevancia en el ámbito médico cuando se demostró que era capaz de mejorar los cuadros de epilepsia. Y esto no es tan reciente como podríamos imaginar.
Ya desde la década de 1970 hay registros de revisiones y reportes que informan resultados favorables con el CBD en personas epilépticas. Al mismo tiempo, las aplicaciones como hipnótico, sedante, relajante y analgésico se evaluaban en pequeños ensayos controlados.
Como analizaremos a continuación, estos hallazgos de la década del 70 culminan una primera etapa que se inició en los años 1940. Pero si somos justos con la historia del CBD, tendremos que remontarnos a 12 000 años atrás.

La historia antigua del CBD

La prehistoria del cáñamo pertenece al continente asiático. Su cultivo tuvo uso textil, aprovechando las fibras resistentes de la planta.

No hay consumo registrado hasta el año 2700 a. C. Sería un emperador chino quien se beneficiara de las propiedades analgésicas del cáñamo en forma de té. Según sabemos, este monarca padecía patologías reumáticas, por lo que el dolor era parte de su vida.

La historia del emperador Shen-Nung, como se llamaba, no está libre de mitos y leyendas. De todas maneras, escritos de la época atestiguan el empleo del cáñamo como parte de las hierbas de la farmacopea china. Así como se realzan sus beneficios, también se advierte que “tomado en exceso tiende a mostrar monstruos”, como lo recalca el libro Pên Tsao.

De este punto distante en la historia tenemos el vínculo con el uso recreativo de la marihuana, que se distribuyó siguiendo las rutas comerciales de aquel entonces. Por supuesto, hasta estos momentos no había noticias de una sustancia puntual llamada CBD. Existía, pero la humanidad estaba demasiado joven como para conocerlo.

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El cáñamo seguía siendo la materia prima para los productos textiles y hasta para el papel. Se especula que ingresó el cultivo a Europa por medio de los musulmanes, a través de España. Esto determinaría que Gutenberg usase su primera imprenta, en 1450, con un papel que contenía cáñamo, por ejemplo.

Antes del surgimiento del petróleo como materia prima sustituyente de gran parte de las ya existentes, el cáñamo también era la base de las pinturas y las resinas.
La prehistoria del cáñamo pertenece al continente asiático.
Su cultivo tuvo uso textil, aprovechando las fibras resistentes de la planta.

No hay consumo registrado hasta el año 2700 a. C. Sería un emperador chino quien se beneficiara de las propiedades analgésicas del cáñamo en forma de té. Según sabemos, este monarca padecía patologías reumáticas, por lo que el dolor era parte de su vida.

El descubrimiento del CBD en un laboratorio

La década de 1940 marca el descubrimiento del CBD como tal. Ya se hace posible aislarlo y entender que es una sustancia particular con algunos efectos que solo se le pueden atribuir a ella. Y no, estos efectos no son psicotrópicos ni alucinógenos.

Es Roger Adams el científico del puntapié inicial en Estados Unidos. Junto al CBD logra aislar el CBN, que tiene como nombre cannabinol.

20 años más tarde, en 1964, aparece en escena el THC. Un equipo de investigadores israelíes logra diferenciar al tetrahidrocannabinol con base en los datos ya existentes de Roger Adams. Así se completa el ciclo iniciado en Estados Unidos y se aceleran los ensayos clínicos para demostrar la efectividad terapéutica del CBD.

A Raphael Mechoulam y a Yechiel Gaoni, que fueron parte de ese equipo israelí, se les puede atribuir el padrinazgo y la descripción en profundidad de la estructura química del CBD y del THC. Sus múltiples publicaciones científicas sobre el tema dan cuenta del interés que han tenido ambos en encontrar y probar los usos terapéuticos del cáñamo.

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A ellos les debemos las gracias, pues pudieron establecer que el THC tenía la potencia para generar efectos psicoactivos, mientras que el CBD presentaba beneficios frente a diversas patologías, sin acarrear las consecuencias de alteración del estado de consciencia que aparecían en los ensayos con tetrahidrocannabinol. En términos simples: confirmaron que el CBD no te droga.

Mechoulam y otros colaboradores encontraron, entonces, que la capacidad antiepiléptica del CBD era suficiente para usarse de manera terapéutica, evitando los efectos secundarios propios del THC. Este hallazgo importante para la historia del CBD se complementó con los aportes de más investigadores.

Se pasó de los ensayos en animales a los ensayos humanos. Con diferentes concentraciones de CBD, THC y CBN se intentó confirmar cuál de estas sustancias era la responsable de los efectos psicotrópicos (alerta de spoiler: es el THC). Si se identificaba con claridad, podía darse validez a lo publicado antes por Mechoulam.

Iniciada la década de 1970 ya se tenía en claro que el tetrahidrocannabinol generaba las reacciones adversas de disforia, ansiedad y pánico.

El estudio del sistema endocannabinoide

Las continuas investigaciones sobre el CBD, el THC y el CBN generaron una duda en los científicos. ¿Cómo podía ser que estas sustancias encontraran receptores tan específicos dentro del cuerpo humano? ¿Estábamos diseñados para drogarnos? Resulta que no.

Claramente, no se trataba de que el hombre estuviese diseñado para reaccionar al cáñamo, sino que existía un sistema de respuesta similar con sustancias producidas en el interior del organismo. Es el sistema endocannabinoide.

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Los receptores de este sistema ya se habían descubierto al investigar los usos terapéuticos del cáñamo en la década de 1980, en la Universidad de St. Louis (Estados Unidos). Los primeros y más conocidos recibieron los nombres de CB1 y CB2. Pero faltaba determinar qué sustancias internas los estimulaban.

La colaboración entre William Devane y el padrino de todas estas investigaciones, Raphael Mechoulam, logró aislar los primeros endocannabinoides, que recibieron este nombre para diferenciarlos de los fitocannabinoides (derivados de los vegetales).

La anandamida fue el endocannabinoide más estudiado. Es una molécula natural del cuerpo humano que tiene una vida media corta. Se le ha reconocido la capacidad de estimular el apetito, reducir la sensación de dolor, mejorar la memoria y el aprendizaje, así como generar placer.

¿Mareado ya con tantos términos? No dijimos que tanta historia fuera simple. Pero vale la pena escuchar las anécdotas.

Investigaciones clínicas recientes sobre el CBD como terapia

Desde aquellos primeros reconocimientos del CBD como sustancia distinta dentro del cáñamo, hasta la aceptación gubernamental del empleo del aceite de CBD para la epilepsia refractaria, en medio se han sucedido diversas aproximaciones.

La difusión de las presentaciones comerciales más masivas es reciente en la historia del CBD. Esto responde al problema de su asociación errónea con el THC.

Los descubrimientos sobre las diferencias entre el CBD y el THC todavía no son de público conocimiento. Puede ser que te estés enterando ahora, leyendo en este preciso momento.

Sin dudas, los procesos de legalización de Cannabis sativa en sus diferentes variedades han propulsado la investigación medicinal para el uso del CBD frente a patologías concretas. El ejemplo paradigmático es la prescripción frente a la epilepsia refractaria, autorizada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) en el 2018.

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Pero hay más estudios científicos en curso. Existe un grupo de enfermedades que se favorecerían, en principio, de un aumento en la concentración de cannabinoides dentro del cuerpo. Entre ellas se encuentran la esclerosis múltiple, la esquizofrenia y los dolores crónicos.

En sentido contrario, recientes investigaciones plantean que hay otras condiciones que empeoran o se hacen presentes cuando los endocannabinoides están excesivamente elevados. Estas serían la obesidad, la cistitis y el íleo paralítico.

De una u otra manera, lo que se pone de manifiesto es que el sistema endocannabinoide tiene la suficiente estructura interna como para enfermar y presentar trastornos que le serían propios. De allí su importancia en la medicina.

Además de la epilepsia refractaria, aquello que aparece como más plausible de ser tratado con derivados del cáñamo es el dolor. La esclerosis múltiple, en particular, es una candidata a ser tratada con CBD o con una combinación de CBD y THC para reducir las molestias y controlar los espasmos involuntarios.

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Investigaciones clínicas recientes sobre el CBD como terapia

Pero hay más estudios científicos en curso. Existe un grupo de enfermedades que se favorecerían, en principio, de un aumento en la concentración de cannabinoides dentro del cuerpo. Entre ellas se encuentran la esclerosis múltiple, la esquizofrenia y los dolores crónicos.

En sentido contrario, recientes investigaciones plantean que hay otras condiciones que empeoran o se hacen presentes cuando los endocannabinoides están excesivamente elevados. Estas serían la obesidad, la cistitis y el íleo paralítico.

De una u otra manera, lo que se pone de manifiesto es que el sistema endocannabinoide tiene la suficiente estructura interna como para enfermar y presentar trastornos que le serían propios. De allí su importancia en la medicina.

Además de la epilepsia refractaria, aquello que aparece como más plausible de ser tratado con derivados del cáñamo es el dolor. La esclerosis múltiple, en particular, es una candidata a ser tratada con CBD o con una combinación de CBD y THC para reducir las molestias y controlar los espasmos involuntarios.

Aunque, como bien diferenciamos antes, los trastornos por una hiperconcentración de endocannabinoides también son de interés para la investigación clínica. ¿Qué pasaría si pudiésemos bloquear los receptores CB1 y CB2 en las patologías que responden a un hiperestímulo del sistema cannabinoide?

La respuesta está en las experimentaciones para controlar la obesidad con antagonistas competitivos del receptor CB1. Se está recolectando evidencia conforme estos compuestos tienen la capacidad de reducir el apetito en personas con sobrepeso.

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El viejo CBD es joven todavía

Si bien podemos rastrear la historia del CBD al continente asiático prehistórico, lo cierto es que estamos en los comienzos de su aplicación medicinal. Se han abierto las puertas para que los preparados comerciales gocen de legalidad y tengan protocolos de aplicación concretos.

La mayor comprensión sobre el sistema endocannabinoide y el mayor volumen de estudios científicos que certifican la aplicación del CBD como terapia mejoran el horizonte de la sustancia.

Esta Señora sabe mucho sobre el CBD. Los dos parecemos jóvenes, pero ya tuvimos anécdotas bien vividas. Vale la pena tomarse unos minutos para conocernos.

BIBLIOGRAFÍA

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Covarrubias-Torres, N. “Uso medicinal de la Marihuana.” Anestesia en México 31.2 (2019): 49-58.

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